Durante años, las habilidades técnicas fueron uno de los principales criterios para evaluar a un candidato. La experiencia, los conocimientos específicos y la capacidad para desempeñar determinadas tareas parecían ofrecer una medida bastante concreta de lo que una persona podía aportar a una empresa. Sin embargo, los cambios en el mundo del trabajo están haciendo que los procesos de selección incorporen otra dimensión con cada vez más peso: la personalidad.
Esto no significa que las skills hayan perdido relevancia. De hecho, en muchos puestos, contar con conocimientos técnicos sigue siendo indispensable, pero lo que está cambiando es la forma en que los recruiters evalúan el potencial de una persona. Características como la confiabilidad, la honestidad, la adaptabilidad, la flexibilidad y la motivación hoy en día pueden determinar cómo alguien aprende, trabaja con otros y responde cuando las condiciones cambian.
Las habilidades técnicas ya no cuentan toda la historia
Una persona puede cumplir con todos los requisitos técnicos de una posición y, aún así, tener dificultades para integrarse a un equipo, asumir responsabilidades o adaptarse a nuevas formas de trabajo. Para los hiring managers, esta diferencia puede tener consecuencias concretas en el desempeño y en la dinámica cotidiana de la empresa.
Una encuesta realizada en Estados Unidos por Express Employment Professionals y The Harris Poll mostró hasta qué punto esta percepción está creciendo. El 86% de los más de 1.000 responsables de contratación consultados afirmó que una personalidad adecuada puede compensar una brecha de skills en un candidato.
La disposición para aprender también aparece como un factor relevante. En un contexto donde las herramientas, los procesos y las funciones cambian con rapidez, l*as empresas necesitan personas capaces de incorporar conocimientos nuevos y modificar su manera de trabajar cuando sea necesario*. El conocimiento técnico puede quedar desactualizado. La capacidad de aprender puede acompañar esos cambios.
Las características personales que están ganando valor
Entre los rasgos que tanto recruiters como candidatos consideran especialmente valiosos aparecen la confiabilidad, la honestidad, la adaptabilidad, la flexibilidad y la automotivación. Son características que influyen en situaciones muy concretas del trabajo cotidiano, desde cumplir compromisos hasta responder ante un cambio inesperado.
La confiabilidad, por ejemplo, tiene un impacto directo en la manera en que funcionan los equipos. Una persona que cumple con lo acordado, comunica los problemas a tiempo y asume sus responsabilidades contribuye a generar confianza. La honestidad también adquiere un peso particular cuando se necesita tomar decisiones, reconocer errores o plantear desacuerdos.
La adaptabilidad y la flexibilidad cobran todavía más importancia frente a la transformación tecnológica, ya que la incorporación de inteligencia artificial está modificando tareas, procesos y perfiles profesionales en distintas industrias. En este escenario, la capacidad de aprender, tolerar la incertidumbre y ajustar la propia forma de trabajar puede ser determinante para sostener un buen desempeño a largo plazo.
Cómo evaluar la personalidad sin caer en sesgos
El creciente interés por la personalidad también plantea un desafío para los procesos de selección. Evaluar características personales es mucho más complejo que comprobar una certificación o preguntar por años de experiencia. Si la evaluación depende únicamente de la impresión que genera un candidato durante una entrevista, pueden aparecer sesgos difíciles de detectar.
Por eso, los recruiters recurren cada vez más a distintas instancias para conocer cómo una persona responde ante situaciones concretas. Las preguntas conductuales, los escenarios hipotéticos, las interacciones informales y las referencias laborales pueden aportar información complementaria sobre la manera en que alguien trabaja y toma decisiones.
También es importante diferenciar entre personalidad y afinidad. Buscar personas que compartan determinados valores de trabajo no debería convertirse en buscar perfiles que se comporten o piensen de una única manera. La diversidad de perspectivas sigue siendo relevante para construir equipos capaces de cuestionar decisiones, aportar nuevas ideas y responder a problemas desde diferentes puntos de vista.
El nuevo equilibrio entre skills y potencial
La discusión sobre personalidad y habilidades técnicas también refleja un cambio en la forma de pensar el talento. Las empresas necesitan cubrir las necesidades actuales, pero también incorporar personas capaces de desarrollarse junto con el negocio, haciendo que el potencial de aprendizaje tenga un papel cada vez mayor en las decisiones de contratación.
Una persona puede llegar a una posición con algunas brechas técnicas y desarrollarlas con capacitación, acompañamiento y experiencia, pero cambiar determinadas actitudes o hábitos de trabajo puede ser mucho más difícil. Por eso, identificar motivación, curiosidad, capacidad de adaptación y disposición para aprender puede ayudar a tomar decisiones pensando en una trayectoria más amplia.
Para las empresas, esto implica revisar qué consideran indispensable antes de abrir una búsqueda y qué capacidades pueden desarrollarse después de la contratación. También requiere conectar selección y desarrollo. Si la empresa identifica potencial en una persona, necesita ofrecer las condiciones para que ese potencial se convierta en nuevas capacidades y mejores resultados.